Miércoles 17 de junio, día nublado y a punto de llover. Paso por delante del cine y me detengo a observar la cartelera; pues el clima invita, hoy tengo un poco de tiempo y me gustaría ver una película.
Luego de mirar los afiches de cada uno de los estrenos, me detengo en el último, el cual muestra el rostro de un viejo con la mirada más profunda y pura que haya visto en mi vida. Anonadado, me sumerjo en sus ojos y por varios minutos no puedo sacar mi vista de su mirada. De repente tengo un defasaje. Es como si parte de la historia a ver, ya la hubiese vivido. O más bien, que a través de esos ojos ya la hubiese comprendido.
En ese momento comienzo a dudar y me pregunto si vale la pena entrar a ver algo que tal vez ya conozca. Entonces, decido dar media vuelta y dejar lo del el cine para otro día, pero camino una cuadra y me doy cuenta que es imposible olvidarme de esa mirada. Por eso, sin dudarlo vuelvo y me dirijo hacia la boletería, no sin antes observar mi reloj. Son las cuatro y a las seis tengo un compromiso importante, por lo cual decido preguntar la duración de la película. “Dura noventa años” me dice el señor detrás de la barra. Lo miro fijo a los ojos esperando su risa, en alusión a que seguramente se trataba de una broma, pero increíblemente el hombre esbelto y de bigotes abultados no hace ni una mueca y continúa mirándome serio.
Más allá de todo, necesitaba comprender un poco acerca de esos ojos que tanto me atrapaban. Por eso continúo mi camino y antes de ingresar a la sala, entrego el boleto a quien corresponde; éste me mira como quien mira a un loco y me pregunta si de verás iba a ver esa película. Me observa un rato largo y esboza un intento de risa, esperando que responda de igual manera, para constatar que se trataba de un chiste. Pero yo no muevo ni una sola articulación y le digo que debo ingresar ya mismo porque se me hacía demasiado tarde. El hombre sorprendido y con los ojos gigantes me agarra el ticket y yo entro a ver la película. Abro las cortinas y observo las cientos de butacas que tengo para elegir. Claro, están todas vacías, pues ¿quien entraría a ver una película de noventa años de duración? Recorro la sala de punta a punta y elijo el mejor lugar, me siento cómodamente y muy relajado me dispongo a disfrutar al menos una parte de esa extensa historia.
En un momento logro abstraerme de esos ojos, miro el reloj y me doy cuenta que se me hace tarde. Más allá de lo mucho que me quedó por ver pude comprender bastante, o al menos lo esencial. Contaba la vida de un maestro, que sin tiza ni pizarrón brindaba lecciones de vida mediante el simple hecho de vivir. Narraba acerca de la historia de un héroe, que sin capa ni espada era profundamente idolatrado por sus seres más queridos. Un tesoro perdido en un mundo en el cual los ejemplos no sobran, una joya invaluable, un manual abierto del respeto hacia la vida. En fín, se trataba de la vida de un viejo con la mirada más transparente que haya visto alguna vez.
Tras levantarme de la butaca, salgo corriendo del cine, el de los tickets vuelve a mirarme con extrema rareza, al llegar a la calle me tomo un taxi y me voy al médico. A todo esto, extrañamente el día había cambiado por completo, había un sol radiante y un cielo limpio y puro…como la mirada del viejo.
Luego de salir del doctor decido ir de mis nonos, es raro siendo miércoles, pero tengo mucha necesidad de visitarlos. Entonces llego a la casa, abro la puerta y grito un poco. De todos modos no encuentro a nadie, por lo cual recorro el pasillo y me voy al tallercito. Ahí lo veo a mi abuelo de espaldas, y le grito ¡Nonooo! Entretenido, arreglando unos zapatos no logra escucharme. Por eso voy hacía él y de repente se da vuelta y me mira fijo a los ojos. Casi sin reacción, me quedo totalmente paralizado, y en un instante, que pareciera casi un siglo, contemplo tiernamente su mirada y lo comprendo absolutamente todo.
Texto perteneciente a Diego Gironelli. Inspirado en mi abuelo Pedro, al cumplir noventa años.
domingo, 3 de julio de 2011
Una historia para sus corazones
Te descubrimos en un jardín de flores. Perdidos andábamos los cuatro, tomados de la mano. Recuerdo que era una tarde soleada, pero por sobre todas las cosas era especial, era distinta, en el aire volaba algo indescifrable. Como si el viento diera cosquilleos, como si de repente el sol sonriese, como si nuestras almas bailasen enamoradas.
Podemos jurar que no nos conocías, pero nosotros sí y te estuvimos esperando por años. Conocimos a cada una de las mariposas que posaron sobre tus pétalos. Percibimos tu dulce sonrisa en las cálidas primaveras y fuimos testigos de la tristeza de tus inviernos. Rogamos al cielo llover, en tiempos de sequía y pedimos a Dios compartir tu alegría en la era de la abundancia.
Te conocíamos demasiado y sin embargo no era suficiente. Nunca fue suficiente.
De noche mirábamos la luna y de día en dirección al sol. Buscábamos señales, respuestas. Estábamos inquietos, expectantes y esperándote, siempre esperándote…
De día jugábamos entre nosotros y de noche rezábamos que al día siguiente pudiésemos agrandar la ronda. Si no jugábamos, te contemplábamos y si al día siguiente la ronda no se agrandaba, nos conformábamos imaginándote entre nosotros.
Cada amanecer era una ilusión y cada noche mil plegarias. Nuestra paciencia por momentos se extinguía, pero jamás nuestros sueños. Y vos estabas en cada uno de ellos, inclusive desde antes de conocerte.
Te descubrimos en un jardín de flores. Hasta allí nos trasladó tu aroma, dulce como el almíbar, pero también nos llevó algo más. No se como explicarte; no había barreras, ni nada capaz de impedirnos el paso. Sin embargo, nuestro camino terminaba allí. Podíamos observar al horizonte y ver a los demás buscando lo suyo, pero para nosotros era hora de hacer una pausa. Fue un momento especial, pudimos haber continuado con el viaje, pero de repente todos a la vez nos detuvimos. Como si se tratase de magia, cómo si nuestros corazones tiñesen de color amor todo alrededor, cómo si los pájaros repentinamente improvisaran la coreografía del regocijo eterno. Cómo si la ronda finalmente se hubiese agrandado, como si nuestra madre se encontrase entre nosotros.
Y así fue…
Podemos jurar que no nos conocías, pero nosotros sí y te estuvimos esperando por años. Conocimos a cada una de las mariposas que posaron sobre tus pétalos. Percibimos tu dulce sonrisa en las cálidas primaveras y fuimos testigos de la tristeza de tus inviernos. Rogamos al cielo llover, en tiempos de sequía y pedimos a Dios compartir tu alegría en la era de la abundancia.
Te conocíamos demasiado y sin embargo no era suficiente. Nunca fue suficiente.
De noche mirábamos la luna y de día en dirección al sol. Buscábamos señales, respuestas. Estábamos inquietos, expectantes y esperándote, siempre esperándote…
De día jugábamos entre nosotros y de noche rezábamos que al día siguiente pudiésemos agrandar la ronda. Si no jugábamos, te contemplábamos y si al día siguiente la ronda no se agrandaba, nos conformábamos imaginándote entre nosotros.
Cada amanecer era una ilusión y cada noche mil plegarias. Nuestra paciencia por momentos se extinguía, pero jamás nuestros sueños. Y vos estabas en cada uno de ellos, inclusive desde antes de conocerte.
Te descubrimos en un jardín de flores. Hasta allí nos trasladó tu aroma, dulce como el almíbar, pero también nos llevó algo más. No se como explicarte; no había barreras, ni nada capaz de impedirnos el paso. Sin embargo, nuestro camino terminaba allí. Podíamos observar al horizonte y ver a los demás buscando lo suyo, pero para nosotros era hora de hacer una pausa. Fue un momento especial, pudimos haber continuado con el viaje, pero de repente todos a la vez nos detuvimos. Como si se tratase de magia, cómo si nuestros corazones tiñesen de color amor todo alrededor, cómo si los pájaros repentinamente improvisaran la coreografía del regocijo eterno. Cómo si la ronda finalmente se hubiese agrandado, como si nuestra madre se encontrase entre nosotros.
Y así fue…
Mirando al río éramos tres
Rosario, 27 de abril de 2074
El sol caía sobre Rosario, el viento se tornaba cada vez más intenso, y al mismo tiempo que los rayos solares se iban disipando, el Monumento estrenaba sus luces súper potentes, que podían verse desde la ciudad de Victoria. Un nuevo acontecimiento para el festejo de la ciudadanía rosarina, una razón más para aplaudir la intendencia de Miguelito Lifchitz Junior, considerado por la mayoría de los rosarinos como el mejor intendente de la historia de la ciudad.Desde Fisherton en la línea D, desde Zona Sur en la B, los de Buenos Aires en tren bala y desde diferentes lugares del mundo aterrizaban en el aeropuerto Ciudad de Rosario. Todos querían ser partícipes de lo que iba a ser considerado por la prensa local, nacional y mundial como un acontecimiento único, en el cual se elogiaba al Monumento Nacional a la Bandera como uno de los lugares recomendados para que lo conozca cualquier habitante del Planeta Tierra.Ochocientas cincuenta mil personas se hicieron presentes en las cercanías del Monumento. La señora con su caniche sobre los brazos, los chicos que salían de las escuelas, los señores de traje, que recién se habían retirado de sus trabajos, muchísima gente más… y cerca del río, mirando hacía las islas, Martín y Sofía sentados sobre el verde césped.Mientras la gran mayoría esperaba con ansias que se encendiesen las luces y las imágenes en láser, que se proyectarían a unos 350 metros por encima de la última extensión del Monumento, otros sacaban mano al rumor que se corría acerca de los bochincheros colores elegidos. Según algunas especulaciones, el azul y amarillo chillón habrían sido seleccionados de manera sumamente autoritaria por Miguelito Junior, haciendo alusión al color de la camiseta de Rosario Central, club del que se sabe públicamente que es extremadamente fanático. Sin embargo, Miguelito desmintió totalmente esa versión, argumentando que él no fue quien eligió los colores, sino especialistas en imágenes.Más allá de las explicaciones del mandatario, el pueblo leproso volvió a estar sumamente indignado, al igual que hace un año atrás, cuando la Peatonal Córdoba cambió su nombre por la de Pablo Vitamina Sánchez (ex DT canalla, que obtuvo con Rosario Central el ascenso a primera división en 2012, el Apertura 2013, Libertadores 2014, y en 2015, otra vez el máximo deseo continental y el mundial de clubes)Pese a las críticas, todos se hicieron presentes en las inmediaciones del Monumento, independientemente del color de camiseta, para asistir a un evento histórico en Rosario.Llegó el tan ansiado momento, se prendieron las luces, el potente láser comenzó a dibujar imágenes significativas para la ciudad (entre ellas el escudo de Central), y todos quedaron boquiabiertos, estupefactos, sumamente impresionados con la nueva fachada del Monumento.Las críticas fueron excelentes y los diarios más importantes del mundo hablaban de la sensacional obra que se había inaugurado en Rosario. La ciudad ya no era la misma y miles de turistas se acercaban a diario con el único objetivo de observar el Monumento, que un año más tarde pasó a formar parte de las nuevas siete maravillas mundiales.Mientras las luces y el láser se encendían y Rosario se mostraba hacia el mundo, sirviéndose de los avances tecnológicos y luciendo su imagen transgresora y moderna, Martín y Sofía seguían sentados sobre el verde césped. Ellos dos observando al río, de espalda al Monumento, los únicos mirando hacía el otro lado. Sonrientes y tomados de la mano, luego de un beso sumamente apasionado, sin anillo de por medio se prometieron el cielo y se entregaron plenamente al amor.No salieron ni en diarios, ni en noticieros y su acto de amor poco tuvo que ver con un suceso trasgresor y significativo para la ciudad. Sin embargo, yo preferí mirarlos a ellos y llenarme el alma de luz. De lo que sucedió a mis espaldas me enteré al día siguiente en los diarios.
Texto perteneciente a Diego Gironelli, expuesto en el final de Redacción 2 del postítulo de periodismo
El sol caía sobre Rosario, el viento se tornaba cada vez más intenso, y al mismo tiempo que los rayos solares se iban disipando, el Monumento estrenaba sus luces súper potentes, que podían verse desde la ciudad de Victoria. Un nuevo acontecimiento para el festejo de la ciudadanía rosarina, una razón más para aplaudir la intendencia de Miguelito Lifchitz Junior, considerado por la mayoría de los rosarinos como el mejor intendente de la historia de la ciudad.Desde Fisherton en la línea D, desde Zona Sur en la B, los de Buenos Aires en tren bala y desde diferentes lugares del mundo aterrizaban en el aeropuerto Ciudad de Rosario. Todos querían ser partícipes de lo que iba a ser considerado por la prensa local, nacional y mundial como un acontecimiento único, en el cual se elogiaba al Monumento Nacional a la Bandera como uno de los lugares recomendados para que lo conozca cualquier habitante del Planeta Tierra.Ochocientas cincuenta mil personas se hicieron presentes en las cercanías del Monumento. La señora con su caniche sobre los brazos, los chicos que salían de las escuelas, los señores de traje, que recién se habían retirado de sus trabajos, muchísima gente más… y cerca del río, mirando hacía las islas, Martín y Sofía sentados sobre el verde césped.Mientras la gran mayoría esperaba con ansias que se encendiesen las luces y las imágenes en láser, que se proyectarían a unos 350 metros por encima de la última extensión del Monumento, otros sacaban mano al rumor que se corría acerca de los bochincheros colores elegidos. Según algunas especulaciones, el azul y amarillo chillón habrían sido seleccionados de manera sumamente autoritaria por Miguelito Junior, haciendo alusión al color de la camiseta de Rosario Central, club del que se sabe públicamente que es extremadamente fanático. Sin embargo, Miguelito desmintió totalmente esa versión, argumentando que él no fue quien eligió los colores, sino especialistas en imágenes.Más allá de las explicaciones del mandatario, el pueblo leproso volvió a estar sumamente indignado, al igual que hace un año atrás, cuando la Peatonal Córdoba cambió su nombre por la de Pablo Vitamina Sánchez (ex DT canalla, que obtuvo con Rosario Central el ascenso a primera división en 2012, el Apertura 2013, Libertadores 2014, y en 2015, otra vez el máximo deseo continental y el mundial de clubes)Pese a las críticas, todos se hicieron presentes en las inmediaciones del Monumento, independientemente del color de camiseta, para asistir a un evento histórico en Rosario.Llegó el tan ansiado momento, se prendieron las luces, el potente láser comenzó a dibujar imágenes significativas para la ciudad (entre ellas el escudo de Central), y todos quedaron boquiabiertos, estupefactos, sumamente impresionados con la nueva fachada del Monumento.Las críticas fueron excelentes y los diarios más importantes del mundo hablaban de la sensacional obra que se había inaugurado en Rosario. La ciudad ya no era la misma y miles de turistas se acercaban a diario con el único objetivo de observar el Monumento, que un año más tarde pasó a formar parte de las nuevas siete maravillas mundiales.Mientras las luces y el láser se encendían y Rosario se mostraba hacia el mundo, sirviéndose de los avances tecnológicos y luciendo su imagen transgresora y moderna, Martín y Sofía seguían sentados sobre el verde césped. Ellos dos observando al río, de espalda al Monumento, los únicos mirando hacía el otro lado. Sonrientes y tomados de la mano, luego de un beso sumamente apasionado, sin anillo de por medio se prometieron el cielo y se entregaron plenamente al amor.No salieron ni en diarios, ni en noticieros y su acto de amor poco tuvo que ver con un suceso trasgresor y significativo para la ciudad. Sin embargo, yo preferí mirarlos a ellos y llenarme el alma de luz. De lo que sucedió a mis espaldas me enteré al día siguiente en los diarios.
Texto perteneciente a Diego Gironelli, expuesto en el final de Redacción 2 del postítulo de periodismo
jueves, 26 de mayo de 2011
Sueños azules, esperanzas multicolores
El viejo charquito quedará en la retina de los hinchas de Belgrano, que recordarán por siempre las alegrías vividas sobre su viejo y adorado hogar. Pero el tiempo trae cambios, siempre que se cierra una puerta se abre otra y hoy día la gente del azul está festejando el progreso institucional de su club. Seguramente a más de uno se le caerá una lágrima al pasar frente a las viejas instalaciones. Posiblemente muchos reirán, por los momentos felices vividos allí. También es verdad, que los mismos que harán fluir sus emociones al pasar por el ya viejo charquito, ayer también lo hicieron al ver su sueño azul hecho realidad. Cada uno de los que aportaron su gota de sudor y sacrificio para agrandar el charco, se verán reconfortados al pisar una y otra vez una realidad que alguna vez fue una utopía. Hoy día el pueblo azul está de festejo, pero toda la Liga también, porque más allá del color de camisetas, el sueño de Belgrano es el anhelo de todos los clubes. Porque probablemente, muchos de los simpatizantes de los equipos que asistieron a la inauguración el 25 se mayo, aplaudieron la iniciativa de los arequitenses. Seguramente, esa misma iniciativa también deambule por sus mentes, para hacerla realidad en su institución. El día que eso suceda, sin lugar a dudas la gente de Belgrano estará aplaudiendo ese sueño que alguna vez fue azul, pero que con el transcurrir del tiempo puede ir tomando otros colores.
miércoles, 23 de marzo de 2011
El miedo, PRESENTE!!!
Mañana 24 de marzo, se conmemora el Golpe de Estado de 1976 y se recuerda a las treinta mil víctimas del terrorismo de Estado. A raíz de esto, me preguntaba yo, desde mi rol de comunicador social, que era lo que podía hacer para referirme al tema y brindar un aporte valioso a la cuestión. Tal vez lo más común y usual hubiese sido dar datos, informes, testimonios y hacerme eco en el pedido del NUNCA MÁS, que nunca más pase algo semejante. Ojalá y Dios quiera que nunca más pase algo semejante. Ojalá el miedo nunca más llegue a dominarnos, porque el MIEDO fue la cobarde forma de control utilizada por los represores. Pero creo que no es necesario ir tan lejos; hoy día sostengo que el miedo sigue controlándonos y paralizándonos. Entonces opto por quedarme en el presente y situarme en el hoy para intentar erradicar el miedo. Y no hablo solamente de política. Porque el miedo, también actúa de manera muy sutil y no sale en los diarios. Hablo de ese miedo que se palpa en todos los ámbitos. El temor que se impone en las relaciones de pareja, para poder manejar al otro, que muchas veces llega a convertirse en violencia física. El miedo que aplica el empleador a su empleado, imponiendo sus normas autoritarias y jugando con la aterradora posibilidad del despido. El temor que ejerce el padre sobre su hijo, utilizándolo también como forma de control. El terror que generan los medios de comunicación, logrando una paranoia en masa. El miedo a la infelicidad que impone el sistema, mostrándote su lado más sanguinario. El estúpido consumismo, haciéndote creer que si no tenes zapatillas Nike y un celular último modelo no podes ser feliz.
El miedo, herramienta de control utilizada por los más cobardes para dominar al otro. A veces maniobrado de forma sutil, otras tantas, sin escrúpulos y dejando evidencias. De todas maneras se trata de lo mismo, siempre hablamos del miedo.
El miedo, herramienta de control utilizada por los más cobardes para dominar al otro. A veces maniobrado de forma sutil, otras tantas, sin escrúpulos y dejando evidencias. De todas maneras se trata de lo mismo, siempre hablamos del miedo.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Fútbol y falta de compromiso
Creo que la palabra “comprometerse” está cada vez más devaluada en nuestra sociedad. Nadie se compromete con nada ni con nadie. Tal vez esta sea una de las principales razones por la cual todo marcha tan mal. Los padres no se implican en las relaciones con sus hijos, los gobernantes no lo hacen con los ciudadanos, el marido con su mujer, ni la mujer con su marido. El fútbol está tan arraigado en nuestra escena social diaria, que tampoco le escapa a la cuestión.
El accionar de los actores sociales que forman parte del mundo de nuestra liga, da cuenta de que no es necesario ir tan lejos, para palpar el poco compromiso reinante en el deporte más lindo del mundo. Quien no esté de acuerdo con lo que estoy diciendo, ¿como explica que para el Tribunal de Penas es coherente pegarle a un árbitro por sólo $7500? Mucho peor aún, ¿Qué me dice acerca de que un directivo no mida las consecuencias y golpee salvajemente a un árbitro? ¿Ahí donde queda el compromiso de una persona que supuestamente tendría que ser consciente del cargo que ocupa y debería dar el ejemplo?
Menos grave tal vez, porque se ve con frecuencia pero repudiable es también la actitud de algunos árbitros, que por “falta de compromiso” deciden hacer lo más fácil. Por ejemplo, expulsar a dos jugadores, cuando el que merecía la pena era sólo uno. Quiero aclarar que nunca creí en la mala fe de los hombres de negro, pero sí en su poca responsabilidad con lo que sucede en el juego.
Podemos continuar, porque la lista es larga. La misma incluye a cuerpos técnicos con ánimos alterados que trasladan su ira a la gente y jugadores que hacen lo mismo, al enojarse y no comprender que si alguien le grita un gol a su ex equipo, no tiene nada de malo. Así no queda nadie afuera, la completamos con periodistas que en circunstancias eligen callar y la gente, que se maneja con total impunidad para decir y/o hacer cualquier barbaridad en la cancha.
Sólo basta tener dos dedos de frente para darse cuenta que estamos viajando por el camino incorrecto y de seguir así todo va a terminar muy mal. Es necesario recalcar que todos estamos involucrados y formamos parte de esto. Desde quienes ocupan los cargos más importantes hasta periodistas, árbitros, jugadores y cuerpo técnico. Y aunque muchas veces parecen desentenderse de la cuestión, también quienes sólo van a la cancha a ver jugar a su equipo.
No es que yo sea pesimista, sino que la realidad supera mi optimismo. De todos modos, creo que estamos a tiempo de cambiar de carretera. Para eso, es necesario que cada uno comprenda su función, porque desde cada pequeño lugar se puede hacer mucho. Sólo basta con comprometerse un poco más con este fútbol que tanto decimos querer.
Texto perteneciente a Diego Gironelli. Publicado en el periódico deportivo El Alargue, el 6 de diciembre de 2010.
El accionar de los actores sociales que forman parte del mundo de nuestra liga, da cuenta de que no es necesario ir tan lejos, para palpar el poco compromiso reinante en el deporte más lindo del mundo. Quien no esté de acuerdo con lo que estoy diciendo, ¿como explica que para el Tribunal de Penas es coherente pegarle a un árbitro por sólo $7500? Mucho peor aún, ¿Qué me dice acerca de que un directivo no mida las consecuencias y golpee salvajemente a un árbitro? ¿Ahí donde queda el compromiso de una persona que supuestamente tendría que ser consciente del cargo que ocupa y debería dar el ejemplo?
Menos grave tal vez, porque se ve con frecuencia pero repudiable es también la actitud de algunos árbitros, que por “falta de compromiso” deciden hacer lo más fácil. Por ejemplo, expulsar a dos jugadores, cuando el que merecía la pena era sólo uno. Quiero aclarar que nunca creí en la mala fe de los hombres de negro, pero sí en su poca responsabilidad con lo que sucede en el juego.
Podemos continuar, porque la lista es larga. La misma incluye a cuerpos técnicos con ánimos alterados que trasladan su ira a la gente y jugadores que hacen lo mismo, al enojarse y no comprender que si alguien le grita un gol a su ex equipo, no tiene nada de malo. Así no queda nadie afuera, la completamos con periodistas que en circunstancias eligen callar y la gente, que se maneja con total impunidad para decir y/o hacer cualquier barbaridad en la cancha.
Sólo basta tener dos dedos de frente para darse cuenta que estamos viajando por el camino incorrecto y de seguir así todo va a terminar muy mal. Es necesario recalcar que todos estamos involucrados y formamos parte de esto. Desde quienes ocupan los cargos más importantes hasta periodistas, árbitros, jugadores y cuerpo técnico. Y aunque muchas veces parecen desentenderse de la cuestión, también quienes sólo van a la cancha a ver jugar a su equipo.
No es que yo sea pesimista, sino que la realidad supera mi optimismo. De todos modos, creo que estamos a tiempo de cambiar de carretera. Para eso, es necesario que cada uno comprenda su función, porque desde cada pequeño lugar se puede hacer mucho. Sólo basta con comprometerse un poco más con este fútbol que tanto decimos querer.
Texto perteneciente a Diego Gironelli. Publicado en el periódico deportivo El Alargue, el 6 de diciembre de 2010.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Fútbol y comportamiento… ¿humano?
La cobardía de descalificar a los otros, cuando no somos capaces de hacernos cargo siquiera de nosotros mismos.
Lunes 29 de noviembre, miro por la ventana, pienso en el campeonato que está llegando a su fin y me abstraigo de lo esencialmente futbolístico para hacer hincapié en la gente y su comportamiento. Al realizarlo intento ser positivo, pero al ser objetivo caigo en la resignación. Es como si la historia se hubiera repetido. El camino es siempre igual y año tras año me encuentro con más de lo mismo. El comentario en el banco, la carnicería de Juan o el mercadito de la vuelta de la esquina no cambia jamás. Se habla sobre árbitros con desempeños mediocres, lo que dijo el Periodista de El Alargue o de la 101, lo “burro” que es tal o cual jugador y demás. “Que este no puede dirigir más”, “Que el otro no tiene vergüenza para jugar al fútbol”, “Que Pepito tiene un micrófono y no tiene idea”, “que Fulano no siente la camiseta” o “que Mengano viene sólo por la plata”
Para acusar somos expertos, para descalificar, especialistas. El dedo indicador lo usamos con tal facilidad que ni nos detenemos a pensar un segundo en los otros y las posibles causas de sus humanos errores. Nuestra opinión es la única que vale y la del resto, basura pura. Estamos subidos al atril del ego y de allí no queremos bajarnos. Nos alimentamos con los comentarios de los demás, que reflejan nuestra postura y así nos sentimos inequívocos de lo que decimos. Sólo así adquirimos seguridad, porque si fuésemos la única persona subida al alambrado, insultando y basureando cuanto jugador se cruce por frente a nuestros ojos, se nos desmoronaría la cara de vergüenza. Nos sentiríamos cual rata de alcantarilla y sólo así caeríamos en la cuenta de lo que generamos con el proceder de nuestros actos.
Miro por la ventana, me pongo a pensar en el comportamiento humano y me pregunto: ¿Será que cada día somos menos humanos?, ¿Será que nuestra propia soberbia nos hace impune?, o… ¿será que nuestras vidas marchan tan pero tan mal, que no podemos hacernos cargos de lo infelices que somos y necesitamos descargarnos despedazando a los otros? Esos “otros”, que viéndolos con una mirada más humana, no terminan siendo ni más ni menos que “los nuestros”.
Texto pertecneciente a Diego Gironelli. Publicado el 29 de noviembre de 2010 en el Periódico deportivo El Alargue.
Lunes 29 de noviembre, miro por la ventana, pienso en el campeonato que está llegando a su fin y me abstraigo de lo esencialmente futbolístico para hacer hincapié en la gente y su comportamiento. Al realizarlo intento ser positivo, pero al ser objetivo caigo en la resignación. Es como si la historia se hubiera repetido. El camino es siempre igual y año tras año me encuentro con más de lo mismo. El comentario en el banco, la carnicería de Juan o el mercadito de la vuelta de la esquina no cambia jamás. Se habla sobre árbitros con desempeños mediocres, lo que dijo el Periodista de El Alargue o de la 101, lo “burro” que es tal o cual jugador y demás. “Que este no puede dirigir más”, “Que el otro no tiene vergüenza para jugar al fútbol”, “Que Pepito tiene un micrófono y no tiene idea”, “que Fulano no siente la camiseta” o “que Mengano viene sólo por la plata”
Para acusar somos expertos, para descalificar, especialistas. El dedo indicador lo usamos con tal facilidad que ni nos detenemos a pensar un segundo en los otros y las posibles causas de sus humanos errores. Nuestra opinión es la única que vale y la del resto, basura pura. Estamos subidos al atril del ego y de allí no queremos bajarnos. Nos alimentamos con los comentarios de los demás, que reflejan nuestra postura y así nos sentimos inequívocos de lo que decimos. Sólo así adquirimos seguridad, porque si fuésemos la única persona subida al alambrado, insultando y basureando cuanto jugador se cruce por frente a nuestros ojos, se nos desmoronaría la cara de vergüenza. Nos sentiríamos cual rata de alcantarilla y sólo así caeríamos en la cuenta de lo que generamos con el proceder de nuestros actos.
Miro por la ventana, me pongo a pensar en el comportamiento humano y me pregunto: ¿Será que cada día somos menos humanos?, ¿Será que nuestra propia soberbia nos hace impune?, o… ¿será que nuestras vidas marchan tan pero tan mal, que no podemos hacernos cargos de lo infelices que somos y necesitamos descargarnos despedazando a los otros? Esos “otros”, que viéndolos con una mirada más humana, no terminan siendo ni más ni menos que “los nuestros”.
Texto pertecneciente a Diego Gironelli. Publicado el 29 de noviembre de 2010 en el Periódico deportivo El Alargue.
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