Creo que la palabra “comprometerse” está cada vez más devaluada en nuestra sociedad. Nadie se compromete con nada ni con nadie. Tal vez esta sea una de las principales razones por la cual todo marcha tan mal. Los padres no se implican en las relaciones con sus hijos, los gobernantes no lo hacen con los ciudadanos, el marido con su mujer, ni la mujer con su marido. El fútbol está tan arraigado en nuestra escena social diaria, que tampoco le escapa a la cuestión.
El accionar de los actores sociales que forman parte del mundo de nuestra liga, da cuenta de que no es necesario ir tan lejos, para palpar el poco compromiso reinante en el deporte más lindo del mundo. Quien no esté de acuerdo con lo que estoy diciendo, ¿como explica que para el Tribunal de Penas es coherente pegarle a un árbitro por sólo $7500? Mucho peor aún, ¿Qué me dice acerca de que un directivo no mida las consecuencias y golpee salvajemente a un árbitro? ¿Ahí donde queda el compromiso de una persona que supuestamente tendría que ser consciente del cargo que ocupa y debería dar el ejemplo?
Menos grave tal vez, porque se ve con frecuencia pero repudiable es también la actitud de algunos árbitros, que por “falta de compromiso” deciden hacer lo más fácil. Por ejemplo, expulsar a dos jugadores, cuando el que merecía la pena era sólo uno. Quiero aclarar que nunca creí en la mala fe de los hombres de negro, pero sí en su poca responsabilidad con lo que sucede en el juego.
Podemos continuar, porque la lista es larga. La misma incluye a cuerpos técnicos con ánimos alterados que trasladan su ira a la gente y jugadores que hacen lo mismo, al enojarse y no comprender que si alguien le grita un gol a su ex equipo, no tiene nada de malo. Así no queda nadie afuera, la completamos con periodistas que en circunstancias eligen callar y la gente, que se maneja con total impunidad para decir y/o hacer cualquier barbaridad en la cancha.
Sólo basta tener dos dedos de frente para darse cuenta que estamos viajando por el camino incorrecto y de seguir así todo va a terminar muy mal. Es necesario recalcar que todos estamos involucrados y formamos parte de esto. Desde quienes ocupan los cargos más importantes hasta periodistas, árbitros, jugadores y cuerpo técnico. Y aunque muchas veces parecen desentenderse de la cuestión, también quienes sólo van a la cancha a ver jugar a su equipo.
No es que yo sea pesimista, sino que la realidad supera mi optimismo. De todos modos, creo que estamos a tiempo de cambiar de carretera. Para eso, es necesario que cada uno comprenda su función, porque desde cada pequeño lugar se puede hacer mucho. Sólo basta con comprometerse un poco más con este fútbol que tanto decimos querer.
Texto perteneciente a Diego Gironelli. Publicado en el periódico deportivo El Alargue, el 6 de diciembre de 2010.
lunes, 13 de diciembre de 2010
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