Te descubrimos en un jardín de flores. Perdidos andábamos los cuatro, tomados de la mano. Recuerdo que era una tarde soleada, pero por sobre todas las cosas era especial, era distinta, en el aire volaba algo indescifrable. Como si el viento diera cosquilleos, como si de repente el sol sonriese, como si nuestras almas bailasen enamoradas.
Podemos jurar que no nos conocías, pero nosotros sí y te estuvimos esperando por años. Conocimos a cada una de las mariposas que posaron sobre tus pétalos. Percibimos tu dulce sonrisa en las cálidas primaveras y fuimos testigos de la tristeza de tus inviernos. Rogamos al cielo llover, en tiempos de sequía y pedimos a Dios compartir tu alegría en la era de la abundancia.
Te conocíamos demasiado y sin embargo no era suficiente. Nunca fue suficiente.
De noche mirábamos la luna y de día en dirección al sol. Buscábamos señales, respuestas. Estábamos inquietos, expectantes y esperándote, siempre esperándote…
De día jugábamos entre nosotros y de noche rezábamos que al día siguiente pudiésemos agrandar la ronda. Si no jugábamos, te contemplábamos y si al día siguiente la ronda no se agrandaba, nos conformábamos imaginándote entre nosotros.
Cada amanecer era una ilusión y cada noche mil plegarias. Nuestra paciencia por momentos se extinguía, pero jamás nuestros sueños. Y vos estabas en cada uno de ellos, inclusive desde antes de conocerte.
Te descubrimos en un jardín de flores. Hasta allí nos trasladó tu aroma, dulce como el almíbar, pero también nos llevó algo más. No se como explicarte; no había barreras, ni nada capaz de impedirnos el paso. Sin embargo, nuestro camino terminaba allí. Podíamos observar al horizonte y ver a los demás buscando lo suyo, pero para nosotros era hora de hacer una pausa. Fue un momento especial, pudimos haber continuado con el viaje, pero de repente todos a la vez nos detuvimos. Como si se tratase de magia, cómo si nuestros corazones tiñesen de color amor todo alrededor, cómo si los pájaros repentinamente improvisaran la coreografía del regocijo eterno. Cómo si la ronda finalmente se hubiese agrandado, como si nuestra madre se encontrase entre nosotros.
Y así fue…
domingo, 3 de julio de 2011
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